Editorial

Editorial Octubre

La situación actual de la clase política chilena revela una escasa credibilidad, reflejada en los bajos índices de apoyo expresados por los chilenos.

El velar por intereses propios, dando la espalda a los problemas con que día a día deben lidiar las personas, es una opinión más bien generalizada.

Sin embargo, quienes el 17 de Noviembre ejercieron su derecho a voto, igualmente optaron por quienes se sientan más identificados, confiando en que su interés por un mejor bienestar serán escuchados y llevados a cabo.

Ante este escenario, debiendo enfrentar sus propias falencias internas, el universo político se ve obligado a dar respuestas a las demandas de ciudadanas y ciudadanos empoderados, que exigen urgentes mejoras en temas como educación, salud, vivienda y mejores pensiones.

Ahora bien, una vez realizadas las elecciones, viene el gran desafío de que tanto el presidente (a) como los parlamentarios y consejeros regionales lleven a cabo los compromisos incluidos en sus ofertas programáticas presentadas en cada campaña.
De lo contrario, es evidente que los movimientos sociales volverán a hacerse presentes en forma categórica, expresando con fuerza en las calles su descontento con el sistema imperante.

Por lo tanto, el llamado y compromiso para los actuales candidatos es poner la mayor seriedad en las propuestas y , de ser eventualmente electo (a), tener claridad en la realización de las mismas, con el fin de evitar caer nuevamente en el círculo vicioso de no dar real cabida a las necesidades de los ciudadanos.